domingo, 23 de mayo de 2010

Susurros olvidados


Ella estaba sentada en la computadora, haciendo algún trabajo para entregar. Yo la miraba, sentado desde el sillón, perfecta a mis ojos. Me acerqué cautelosamente, no quería desconcentrarla, le acaricié el pelo y me puse a la altura de su oído. Abrí la pequeña caja de Pandora guardada en mi corazón y le susurré lo siguiente:


“He cometido muchos errores en mi vida y por eso te pido disculpas. Hoy quiero borrar el pasado, pero es imposible. Ya no me quedan ni fuerzas, ni estrategias; creo que ya lo sabés. Aunque hay algo que desconocés y es lo mucho que significás para mi, tanto es así, que la única opción posible es marcharme.”


Saqué un alfiler y la dejé arriba de su escritorio –Ésta es mi rendición incondicional.- Le dije - Mi último regalo es ese alfiler, espero que sepas lo que tenés que hacer. Sólo cuando vuelva a ti, entonces sabrás lo que siento por vos. Eventualmente el tiempo nos dirá que así estuvo bien.- No agregué nada más, no hacía falta.


Me alejé mucho más despacio de lo que me había acercado. Debía irme, empero no quería hacerlo. Cada paso era una despedida, cada paso era irremediable. Me llevó mucho tiempo, pero pude escapar. Caminando por la calle, yéndome sin un lugar en mente dije: -Te equivocaste corazón, se puede fumar y llorar-

lunes, 17 de mayo de 2010

La ofrenda


Cuatro cuadras fueron todo lo que necesité para darme cuenta. Un bondi que no venía y un frío que no perdonaba fueron la excusa perfecta para que mi mente divague. Maldita sea la espera. Dicen que la paz es la enemiga de la memoria, cuánta razón tienen.


Incontables recuerdos invadieron mi cabeza y no le dieron descanso. Pero también aparecieron planes, hipótesis y proyecciones. Estoy harto de pensar, siempre razonando, siempre buscándole la lógica. Subo el volumen de la música y, sin embargo, no puedo silenciar mis pensamientos.


Pensar en vos fue lo que me silenció, no había nada, todo en blanco. Sentí el ardor de la daga en mi pecho, daga a la cual yo le mostré el camino. No me importó, la agarré y la arranqué del lugar en donde estaba clavada; la vi gotear amor. La tiré lo más lejos que pude y le dije “Otra vez no”.

martes, 11 de mayo de 2010

Quise mucho, quise poco


Muchas cosas se ocultan detrás de una palabra, pero más cosas se ocultan en una mirada, en una sonrisa desprevenida. Hay veces que no quiero ser visto, me siento más transparente que un cristal. Cómo si el sólo hecho de mirarme directo a la cara, fuera a revelar mis más íntimos secretos, entonces desvío la vista, no puedo mostrarme vulnerable. Siempre firme, siempre fuerte. Prefiero aprender a ocultarme en la sombra, que sufrir al Sol.


Me gustan los detalles, son las pequeñas cosas las que se recuerdan para siempre. La manera en la que enciende un cigarro, cuando ríe sin saber porqué, cuando te regala un abrazo o cuando necesita uno.


Por momentos me siento tan cerca, pero como si fuera una pintura hecha de arena en el momento que la quiero levantar se me escurre entre los dedos y, otra vez, nada. Qué rápido se desnaturalizan las cosas.


El viento mueve barcos y molinos, pero también se lleva las promesas. Solemnes juramentos que se transforman en nueces huecas. Ya nadie recuerda aquellos tiempos dorados, en los que significaba algo ‘dar tu palabra’.


Es un placer verte nadar en contra de la corriente, demostrando que por mucho que te tire para atrás, vos avanzás igual. Me alegra saber que todavía hay gente así en el mundo.


Cada paso me aleja, cada paso me acerca. Esa es la filosofía del caminante, del viajero que se emprende en una travesía. Todo comienza poniendo un pie y luego el otro adelante, el resto es inercia.

lunes, 10 de mayo de 2010

Energía renovable


No te olvides de darle cuerda al corazón, no vaya ser cosa que un día te despiertes y te hayas olvidado como amar. Después de todo, lo único que hace falta es una chispa.

Sensación térmica


Cuánto frío en la ciudad y ésta bufanda que nada me abriga. Me tiemblan las manos, incluso con los guantes puestos.


A veces siento que camino en cámara lenta y la gente me pasa por los costados a gran velocidad. Tanto es así que cierro los ojos para no marearme.


Todo me confunde, de todo aprendo ¿De dónde vengo? ¿Adónde voy? ¿Cuánto falta? ¿Quién soy yo? ¿Cuándo empieza? ¿Quién es ella? Muchas preguntas y nadie me da una respuesta clara. Todos contestan con evasivas.


Por las noches, cuando me acuesto a dormir, un torbellino de pensamientos, frases y colores castiga mi agobiada mente. Me levanto de un salto, agarro algo para escribir y plasmo mis ideas, pero me doy cuenta que sólo escribí dos oraciones y encima mal redactadas. Éstas pobres líneas ni siquiera muestran la punta del iceberg de lo que quiero expresar. Como si en el medio de la obra me hubiera olvidado la letra. Así que arrugo el papel y lo tiro muy lejos, para que se pierda en el infinito.


A palabras necias, oídos sordos ¿Pero qué se hace cuándo las palabras son sabias y los oídos necios?


-ding, ding, ding – Escucho de fondo, pero no me gané ningún premio. Es la alarma avisándome que otra vez me equivoqué. Todo lo que sube, baja. Pero el otro día tirando una bola hacia arriba ví que no volvía. No entiendo porqué no se cumplen las leyes de la física.


Me niego a creer que soy uno más del montón, uno más de la estadística. Ya no reniego de mi ser, ya no busco miradas de aprobación. Hoy empiezo una búsqueda, de fines no muy claros. Sólo espero ser capaz de reconocer el objeto cuando lo tenga delante de mi.

Algunas leyes


Algunas reglas tienen excepciones y otras no. Pero las que no las tienen, se pueden doblar, hasta que en algún momento desisten y se quiebran.

Entre la roca y el río, elijo ser el río, porque eventualmente termina horadando la piedra.

sábado, 8 de mayo de 2010

Cauterizando el pasado


-Ya no te quiero y así como me ves, me voy. Me voy para no volver nunca, no me esperes- Eso fue lo que dijo y el portazo que dio al salir hizo eco en su cabeza. Pobre Birdie se quedó muy sola y muy triste, con el corazón roto y muchas preguntas sin respuesta.


Dio vueltas por toda la casa, todo le recordaba a él. No hacía ni cinco minutos que ese hombre la había abandonado y se sentía más sola que nunca, cuanto dolor. De a momentos insultaba y de a momentos lloraba. No tenía más ganas de vivir, no podía pensar en el futuro. Nada, sólo pensamientos de rabia y soledad.


El día transcurrió de manera muy lenta, la depresión golpeaba a su puerta. No fue capaz de probar bocado de comida, tenía un nudo en el estómago. Un sentimiento, injustificado, de culpa la agobiaba – ¿Habrá sido algo que hice?- pensaba. No Birdie, no fuiste vos, el no te supo querer.


A la noche, se recostó en la cama. Ya no era lo mismo. Le faltaban los besos y caricias de su amante. No había forma de conciliar el sueño, se taladraba la cabeza sin piedad. Las lágrimas le arañaban las mejillas. Pero, finalmente, el hombre de arena la sumió en un sueño profundo.


Al otro día, cuando se levantó lo primero que notó fue el espacio deshabitado al otro lado de la cama. Aunque, más allá de sentir un gran vacío en el pecho, mostraba una gran determinación – No me vas a arruinar la vida – se dijo a si misma. ¡Oh, Birdie! ¿Qué locura estás por cometer?


Se fue de la casa con mucha prisa. Al regresar traía un galón de kerosene y una caja de fósforos. Se paseó por toda la casa y se paró frente a una caja, que estaba llena de fotos, la cual bañó en kerosene. Se fue hacia el armario y repitió la acción. Empezó a tirar, en el medio del living, recuerdos de diferentes lugares: Souvenirs de la costa, cuadros pintados a mano de San Telmo, collares, anillos y muchas cosas más. Se formó una gran montaña de cosas y no dudó en rociarlas en combustible. Se acercó a la cama, donde tantas cosas había compartido con su amante, vertió todo lo que quedaba del líquido y luego arrojó el bidón contra la pared.


Parada en la puerta contempló el resultado de sus acciones. Ella no era ninguna artista, pero, si así fuera, esa hubiera sido, sin duda, su obra maestra. Sacó un fósforo de la caja y lo raspó contra la lija del costado. La cerilla, obedeciendo a su ama, se prendió fuego –Que suerte tenés – dijo Birdie – estás a punto de generar un borrón y cuenta nueva – Sin demorar el final, arrojó el fósforo, éste giró por los aires hasta tocar una gota de kerosene. Las llamas se avanzaron en efecto dominó, abrazando todas las superficies, reclamando la casa como suya. Con los ojos, que refulgían por las llamas, gritó - ¡Hoy! Hoy empiezo de nuevo – Y junto con el fuego se consumió el pasado.

viernes, 7 de mayo de 2010

Ineludible realidad


Que canalla fuiste, tiraste la piedra y nunca más saliste de la madriguera ¿cómo se puede ser tan cobarde? Apostaste en la ruleta y no te quedaste a ver que número salía ¿a que le tenías miedo? ¿A perder o a ganar? Tené cuidado, tu filosfía es errónea. La caída es directamente proporcional a la expectativa y ésta bien que corras, pero sólo cuando es necesario. Cortá con el delirio, lo que pasa en Hollywood es sólo ficción. La realidad es mucho más cruel, mucho más cruda. Date cuenta que te falta cocción. No busques nicotina para calmar tu ansiedad, no te escondas detrás de una botella de José Cuervo.


Basta, basta de preguntar siempre lo mismo. Ya te lo dijeron una vez, no esperes que te lo repitan, hay una línea que no podés cruzar. Hay muchos que la cruzaron y ahora están perdidos sin saber cómo volver, pensá bien tus próximos pasos, porque pueden ser los últimos que controles. Medí menos lo que decís, fijate bien a donde vas y sonreí más.


Solamente vos sos dueño de lo que decís, pero tampoco hay que hablar más de la cuenta, ni quedarse en silencio tanto tiempo que después no te das cuenta que es tu voz la que estás escuchando. No le busques la vuelta, esto no es una tuerca. Tampoco es una calesita, así que, vamos directo al grano. Atate los cordones, abrigate, porque hace frío, y andá a caminar, andá a pensar. Pero no enloquezcas y no desesperes, porque ya tenés, todas las herramientas que hacen falta.

jueves, 6 de mayo de 2010

Una cosa llevó a la otra


No soy mago, pero igual te puedo sorprender. No soy ladrón, pero si un día me dejás, puedo robarme tu corazón. Todavía no soy médico, pero no hay herida en tu corazón que no pueda sanar y aunque no seas omnipresente, en mi mente siempre estás.


Hoy por ti mañana por mi, decía un tipo que se quedó siempre en el presente y el mañana nunca llegó. Pero siempre se puede dar vuelta la página. Porque a veces es necesario cortar con las sogas del pasado y ver que depara el futuro, con nuevos aires y nuevos rumbos.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Heterofilia


Caña de pescar al hombro y valijita en mano se echó a caminar. Día caluroso y soleado, día óptimo. Su objetivo era llegar a un estanque, que no estaba muy lejos de su cabaña, eran algunos cientos de metros. Pero, a pesar de ser un hombre apurado y muy ansioso, le gustaba disfrutar de ese trayecto a su manera. A cada paso, una aventura. El camino lo sorprendía en todo momento, aunque ya lo había recorrido muchas veces.


Habrá tardado un poco más de media hora en alcanzar la meta, no estoy muy seguro. Caminó a lo largo del muelle de madera que crujía con cada pisada y cuando alcanzó el borde se quitó las ojotas, apoyó la valija y se sentó. El agua le hacía cosquillas en las plantas de los pies. Preparó su caña y lanzó el anzuelo. Esperando, que tal vez, haya pique.


Al cabo de un largo rato, el anzuelo seguía hundido en el mismo lugar y sin conseguir nada. No era falta de peces, porque los había. Era, simplemente, la falta de carnada, pero esto no parecía molestar al pescador, el cual miraba detenidamente el paisaje. Observaba el sol, la calma del agua y los movimientos de los habitantes del estanque. Sentía la brisa que lo despeinaba, escuchaba el cantar de los pájaros y olía el espléndido aroma de la naturaleza. Quizás no estaba ahí para pescar, probablemente solo le gustaba realizar ese ritual.


El día estaba llegando a su fin y el Sol empezaba a ocultarse para dar paso a la Luna. El pescador comprendió que se aproximaba la hora de la partida. Antes de levantarse, sacó de la valija, que tenía a su lado, un frasco de plástico y vertió algo de su contenido al agua. Era alimento para los peces. Estos no dudaron un instante en darse un festín, sin desperdiciar ni el más mínimo pedacito. Había para todos.


Finalmente, se levantó y empezó a transitar el camino de regreso hacia la cabaña. Mientras se alejaba, se aseguró de no haber olvidado nada ¿Mi caña de pescar y valija? En su lugar ¿Mi Sombrero? Cierto, no lo había llevado ¿Mis ilusiones y esperanzas? Firmes ¿Mis sueños? Esos faltaban, se puso algo nervioso. Dejó de caminar y señalando el estanque dijo: -¡Ahí! Ahí Están mis sueños, porque esos peces son mi mundo, aunque para ellos yo sea sólo un pescador más-